Este verano estuve en París y, entre paseos por el Sena, visitas a Notre Dame y recorridos por Versalles, volví a pensar en algo que forma parte de nuestra manera de trabajar en The Board Barcelona: el arte no siempre está en un museo..
Está en los detalles. En la elección de un color, en cómo se coloca un objeto, en el equilibrio entre diferentes formas y texturas, y en esa sensación difícil de explicar que hace que algo aparentemente sencillo nos obligue a detenernos y mirar un poco más.
En Versalles, los salones dorados, los techos pintados y los jardines perfectamente diseñados muestran lo que ocurre cuando cada elemento forma parte de una visión más grande. Nada parece estar colocado al azar. Hay intención, proporción, contraste y una enorme atención al detalle.
Y al volver a Barcelona, después de unos días rodeada de tanta belleza, me ocurrió algo curioso: me recordó lo fácil que es olvidar que vivimos y trabajamos en una ciudad igualmente inspiradora.
Barcelona también nos enseña constantemente a mirar.
El modernismo está lleno de esos mismos principios: formas orgánicas, naturaleza, color, textura, artesanía y una atención casi obsesiva al detalle. Desde una fachada hasta un mosaico o una barandilla, cada elemento tiene personalidad, pero al mismo tiempo forma parte de un conjunto.
Y esa idea tiene mucho que ver con cómo entendemos la presentación gastronómica en The Board Barcelona.
Cuando diseñamos una tabla, una mesa o una experiencia gastronómica, no pensamos únicamente en qué alimentos vamos a servir. Pensamos en cómo conviven los colores, las formas, las alturas y las texturas; qué debe destacar y qué necesita acompañarlo. Pensamos en el conjunto antes que en cada elemento por separado.
Porque siempre decimos que primero comemos con los ojos.
Y vivir en Barcelona también significa tener una fuente de inspiración extraordinaria en los propios ingredientes.
Los colores de la fruta fresca del mercado, los quesos catalanes, el pan artesanal, los embutidos, las flores comestibles y los productos de temporada ya tienen su propia belleza. Nuestro trabajo no consiste en esconderlos bajo una presentación complicada, sino en seleccionar bien, respetar el producto y colocarlo de una manera que permita apreciar todo lo que ya ofrece.
Hay algo muy barcelonés en esa combinación de gastronomía, diseño, artesanía y producto local.
Por eso, gran parte de nuestra inspiración no viene únicamente de la cocina. Viene de la arquitectura que vemos cada día, de los mercados, de los escaparates, de las floristerías, de los colores de la ciudad y de esa mezcla tan característica de tradición y creatividad que encontramos en Barcelona.
París me recordó algo que, en realidad, ya estaba aquí.
Que crear algo bonito no significa necesariamente añadir más. Muchas veces significa elegir mejor, trabajar con buenos materiales, respetar lo que tienes delante y colocarlo con intención..
Es una filosofía que vemos en el arte, en la arquitectura y también en la gastronomía.
Y es exactamente lo que intentamos trasladar a cada tabla y cada mesa que creamos en The Board Barcelona: productos locales cuidadosamente seleccionados, presentados con equilibrio, creatividad y respeto por su origen.
Porque Barcelona no es solo el lugar donde trabajamos.
También es una parte fundamental de cómo vemos la comida.

